Raquetistas

La atracción que la profesión de raquetista ejercía sobre las jóvenes hasta los años cuarenta del siglo XX se explica por la diferencia de las condiciones de vida entre la tradicional, generalmente en nuestros pueblos, y la de la gran ciudad con sus viajes, posiblemente con cierta idealización. El regreso temporal a los lugares de origen de las que estaban en activo contribuía a incrementar el interés.

En los comienzos, una parte notable de las raquetistas eran originarias del Bajo Deba (Eibar, Ermua, Mallabia) y del Duranguesado (Abadiño, Iurreta) y más tarde de Donostialdea, Tolosaldea y el Urola. Posteriormente se incorporaron las de otros muchos lugares. Esta circunstancia guardaba relación con los centros de aprendizaje para raquetistas promovidas por las empresas que regentaban los frontones. Según José Agustín Larrañaga en Eibar llegaron a funcionar tres escuelas a la vez (Astelena, Caminero en la calle Isasi y el Municipal), así como en el Beotibar tolosarra, Zarauz, Rentería y Madrid. Casi todos los frontones tenían sus propios medios de enseñanza de la profesión.

Lo habitual era que las aprendices de raquetista pagaran las enseñanzas que recibían, debiendo adquirir a su costa los útiles necesarios (raquetas, pelotas, ropa) y abonar el alquiler de la cancha por el tiempo que lo utilizaran.

Las empresas de los frontones habitualmente organizaban dos festivales diarios tarde y noche obligando a las raquetistas a alargar las jornadas para cumplir sus obligaciones. Resulta difícil disponer de información contrastada sobre la retribución de estas profesionales. Según el excepcional trabajo de Aitor Acha Domaño, profesor titular de la Escuela Universitaria Cardenal Cisneros una raquetista principiante los primeros años cuarenta del siglo XX ganaba unas 300 pesetas mensuales. A su vez las investigaciones de Urrutia y Sagastizabal en 1957 las más destacadas percibían unas 5.000 pesetas al mes, estando la media entre 2.500 y 3.000 ptas.

Aitor Acha en la obra citada señala que a mediados de los años cincuenta del siglo XX una primera figura en el frontón de la Habana ganaba unas 30.000 pesetas mensuales. Asimismo aporta un contrato "de prestación de servicios profesionales" firmado por Agustina Otaola Zapiain con la empresa Metropolitano, S.A. de México D.F. el 30 de diciembre de 1960 en el que se estipula una compensación de 3.600 $ mensuales al cambio vigente más de 216.000 pesetas. Un periódico de la época afirmaba, refiriéndose a España que "en 1961 una buna raquetista ganaba 16.000 pesetas al mes".