Restauración de un Libro copiador de oficios
Intervención de un Libro copiador de oficios de 1791-1792
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Para conocer el origen del Archivo debemos remontarnos hasta el nacimiento de la Hermandad de Gipuzkoa. El archivo no tuvo una sede fija hasta: el 4 de mayo de 1530 las Juntas Generales reunidas en Zumaia deciden ubicar el archivo en la Iglesia Santa María de Tolosa, y allí permaneció durante casi 4 siglos hasta que lo trajeron al edificio actual, ubicado en el Paseo San Francisco en el año 1904.
Durante la historia los documentos albergados han estado expuestos a diversas condiciones climatológicas y han sufrido diferentes catástrofes (incendios, conflictos bélicos, inundaciones…) Uno de los episodios más conocidos ocurrió el 9 de octubre de 1781 cuando tuvo lugar un incendio que afectó tanto a la iglesia como a los documentos del archivo. Una parte significativa de los documentos ha llegado hasta nuestros días gracias al valor de tres tolosarras que, en un intento por salvarlos de las llamas, los arrojaron al río, desde donde posteriormente fueron recuperados.
El volumen AGG-GAO OK49, que ha sido recientemente intervenido, es uno de los muchos volúmenes que se conservan en el archivo que reflejan los daños que el fuego puede causar en un documento.
El hollín derivado de su exposición al fuego se depositó en todas sus hojas en forma de salpicaduras sólidas que ocultaban gran parte del texto, dificultando e incluso impidiendo su lectura. A esta degradación se sumaron los efectos del agua, que provocaron cercos de humedad y favorecieron un grave biodeterioro debido a la proliferación de hongos.
Asimismo, el volumen presentaba daños causados por insectos en forma de galerías en las últimas hojas. El conjunto de estos factores incrementó la acidez del papel, otorgándole una coloración marrón. Como consecuencia, el estado de conservación del libro era muy deficiente, lo que hacía imposible su consulta.
Desde el laboratorio de restauración del Archivo General de Gipuzkoa se ha llevado a cabo una intervención integral sobre el volumen. En primer lugar, se realizaron los análisis necesarios para determinar el estado de conservación tanto del soporte como de los elementos sustentados. A partir de los resultados obtenidos, se planificó la intervención, siempre conforme a los principios deontológicos vigentes en materia de restauración.
Los principales objetivos fueron, por un lado, la eliminación de los depósitos de hollín y grasa que dificultaban la lectura y provocaban la adhesión de las hojas entre sí; y, por otro lado, la desinfección de los soportes contaminados. Con el fin de establecer el método más eficaz e inocuo con los elementos originales, se llevaron a cabo diversos ensayos con distintas técnicas y productos, desde la limpieza manual con bisturí y aspiración controlada hasta la aplicación de disolventes de baja toxicidad. Finalmente, este último procedimiento resultó ser el más efectivo, tratando las hojas con hisopos de algodón impregnados en alcohol.
Si bien la restauración ha requerido un trabajo especialmente minucioso, el resultado ha sido muy satisfactorio, con una notable eliminación de los depósitos sólidos y las manchas, y la consiguiente recuperación de la legibilidad del texto.