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Gipuzkoa: creatividad, cambio y apertura

Foto Gipuzkoa: creatividad, cambio y apertura

Gipuzkoa: creatividad, cambio y apertura

“la creatividad cultural es fuente de progreso humano y diversidad, y toda política para el desarrollo debe ser profundamente sensible a las industrias culturales”

Gipuzkoa: creatividad, cambio y apertura

Durante esta crisis que a punto está de cumplir una década, la limitación de medios se ha convertido en una constante difícil de ignorar para todo el que tenga una iniciativa, cualquiera que sea su naturaleza. Sin embargo, para el ámbito de la cultura estas condiciones de precariedad no son nuevas. Cualquier creador o promotor puede dar fe del universo de escasez en las que este sector se ha movido siempre, seguramente por falta de “cultura” para comprender que el arte y los sectores creativos no sólo generan riqueza económica y empleo, sino que aportan unos intangibles al espíritu, a la imagen y al atractivo de un país, que rara vez se puede obtener de otro modo. Pero nuestros gobiernos en Gipuzkoa no siempre han conferido a la cultura la prioridad política que merece.

La cultura de la imagen que predomina en este siglo XXI provoca que las industrias audiovisuales y escénicas hoy formen parte de los sectores estratégicos de todo territorio que aprecie su cultura y vea en ella la oportunidad de aprovechar la pulsión de cambio que atesoran muchos jóvenes creadores. Vivimos inmersos en una pantalla global que empleamos para informarnos, para crear, para comunicarnos, para ligar, para consumir y para divertirnos, y ello abre un enorme campo para las industrias creativas. Nuestros jóvenes no llevan la gorra hacia atrás ni escuchan grupos indies finlandeses por generación espontánea, todo obedece a la globalización acelerada y al imperio de la imagen y de la cultura digital.

En este contexto, Euskadi cuenta con un tejido creativo interesante y producciones recientes como Loreak ponen de actualidad esta cuestión con su éxito de crítica y público y su periplo en los mercados internacionales. El pasado mes de febrero la plataforma Opus Lírica estrenaba en el Kursaal donostiarra una Traviata “made in Gipuzkoa” que movilizó intérpretes, creadores escénicos, maquinadoras, encargadas de vestuario y un largo etcétera de técnicos especialistas que durante unos días trabajaron a pleno rendimiento. La Próxima gala de los Premios Max de teatro que se va a desarrollar en Madrid va a tener un marcado acento guipuzcoano al estar a cargo de un nutrido grupo de técnicos encabezados por los creadores escénicos Jon Maya y Fernando Bernués. Todo estos ejemplos y muchos más demuestran cada día que hay materia prima, talento y en definitiva toda una economía de enorme valor añadido alrededor de estas empresas, y que lo que hace falta es apostar fuerte por ellas.

Con todo, necesitamos dar un salto cualitativo para impulsar la internacionalización de nuestros y nuestras creadoras en el ámbito del cine, de la música, de la moda, de la arquitectura, de la literatura, de las artes plásticas y escénicas y de todas aquellas disciplinas, en fin, que pueden contribuir con su talento a la promoción de la marca Euskadi y a la expresión y proyección estéticas de la sociedad urbana, moderna y diversa que venimos construyendo desde hace décadas. Para eso es importante que las políticas públicas que se emprendan desde las instituciones culturales tengan presente que un nuevo modelo de gestión ha de abrirse paso, con e fin de que los recursos lleguen a los creadores y a los servicios culturales, y no se concentren en el mantenimiento de paquidérmicas estructuras públicas.

También necesitamos mejorar y completar el mapa formativo de alto nivel con que cuenta el País Vasco en la actualidad: disponemos de centros educativos universitarios en muchos de los ámbitos creativos antes mencionados, incluidas las artes culinarias, pero el cine y los lenguajes fílmicos siguen huérfanos de un recorrido específico que permita una especialización como la que demanda este mercado con creciente peso y sometido a permanentes cambios. La proliferación de series televisivas en cuyos guiones y realizaciones se concentra buena parte del talento, la generalización de soportes audiovisuales con fines didácticos, el nuevo auge del género documental, son sólo algunos de los argumentos que avalan la necesidad de dotarnos de una Escuela de Cine de índole universitario. Además,  las tres Diputaciones Forales de la CAV reconocen unas condiciones fiscales más ventajosas que las existentes en el resto de España para el rodaje y producción de contenidos audiovisuales, y ello hace de nuestros territorios espacios especialmente atractivos para las agencias productoras.

Desde la Diputación Foral de Gipuzkoa vemos las industrias culturales como una auténtica prioridad política y queremos jugar un papel mediador, facilitador y generador de procesos de cambio. Hemos aprobado recientemente la creación de un Consejo de las Artes formado por creadores y promotores profesionales cuya experiencia debe servirnos para no perder el rumbo y para seguir de cerca el criterio de quienes todos los días se baten el cobre para sacar adelante una iniciativa artística.

Esta renovada apuesta por la cultura guipuzcoana abunda en una mirada más abierta de lo que somos, revierte beneficios en el conjunto de la sociedad y enfatiza su diversidad, en tanto en cuanto la cultura contribuye a la búsqueda de espacios abiertos al debate, a la controversia, a la innovación, y guarda un insobornable compromiso con el pluralismo y la convivencia; tiene efectos terapéuticos sobre la cohesión social, porque la cultura contribuye al empoderamiento ciudadano y a la gestión de las identidades mestizas, a las que estamos abocados; y en suma, va en beneficio de la democracia, pues invertir en Educación y Cultura contribuye a formar ciudadanos críticos y curiosos, capaces de hacerse nuevas preguntas y de modificar sus puntos de vista.

Denis Itxaso

Primer Teniente de Diputado General de Gipuzkoa (PSE-EE)