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Cuando más es menos

Foto Cuando más es menos

Cuando más es menos

Al hilo del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres del pasado 25 de noviembre, desde la Diputación Foral de Gipuzkoa hemos puesto en limpio la “foto fija” de este año, 2018.

Cuando más es menos

Artículo de opinión de la directra del Órgano para la Igualdad, Miren Elgarresta.

El ejercicio de contabilidad no resulta sencillo, y no sólo por las obvias dificultades de reflejar todas y cada una de las situaciones de naturaleza violenta que nos afectan a las mujeres en todos los ámbitos de nuestras vidas. Lo es también porque somos conscientes de que cada cifra es una vida. Una mujer agredida, una mujer con miedo. E igualmente, cada uno de esos números se corresponde con un hombre que ha agredido, ha atemorizado o ha vejado a una mujer. No, no es sencillo poner números a la violencia contra las mujeres: siempre son demasiados casos y siempre es demasiado dolor.

2018 ha estado caracterizado por una respuesta global, sin precedentes, en torno a las desigualdades; al menos, contra las más visibles de ellas, entre las que están la violencias físicas y sexuales. Hay quien defiende que éste está siendo el año de las mujeres, que las demandas y denuncias que el movimiento feminista ha llevado adelante durante tantos años con cierta soledad por fin han materializado en una ola compartida. Hay mucho de cierto en este optimismo moderado, pero no cabe quedarse ahí. Preferimos pensar que este año 2018 ha marcado un punto de no retorno en un proceso de avance histórico que, por fin, debe llevarnos sin más demora a ser capaces de garantizar la igualdad. No la igualdad formal, no la igualdad de palabra, sino de hechos. Buscamos una igualdad transversal y una igualdad radical: la primera, porque esta demanda afecta a todos los ámbitos de nuestras vidas, y la segunda, porque debe atacar las raíces de una sociedad basada en el trato y consideración desiguales de unos y otras. Ése es el sustrato donde crecen las desigualdades estructurales, y entre ellas las que consideramos como sus consecuencias más dramáticas: la violencia contra las mujeres.

No podemos aislar la violencia del contexto que la genera o naturaliza. Así lo hemos entendido en la Diputación Foral de Gipuzkoa, y los ejes de trabajo que hemos desarrollado estos años atacan, simultáneamente, causas y consecuencias. Nuestra herramienta principal para hacer frente a la violencia contra las mujeres es el Plan Aurre! y uno de sus resultados más recientes, el Protocolo de Respuesta ante las Violencias contra las Mujeres, que establece los mecanismos de coordinación para responder de forma homogénea en todos los municipios del Territorio.

Desde su puesta en marcha, este Protocolo se ha activado en 27 ocasiones. Han sido los ataques de naturaleza sexual los que en más ocasiones han sido denunciados y han activado este mecanismo, pero no debemos llevarnos a engaño: si hablamos de violencias, debemos siempre recordar que tiene muchas expresiones y que todavía estamos lejos de pensar que todas ellas son denunciadas. Durante este año, en Gipuzkoa un total de 2.304 víctimas han demandado protección policial a la Ertzaintza, según datos del Departamento de Seguridad del Gobierno Vasco. Además, 8 mujeres viven con escolta permanente para protegerse de sus agresores y en la actualidad están activas 1.164 órdenes de alejamiento. Está ocurriendo en Gipuzkoa, en nuestro entorno más cercano; en nuestras calles y en nuestras casas. Pensemos en las realidades que se camuflan bajo los fríos números.

Una parte importante de las activaciones del Protocolo ha ocurrido en verano, en un momento que solemos asociar al ocio festivo, con fiestas patronales y en general, una mayor vida social, sobre todo para las y los jóvenes. Precisamente, por su alta repercusión social, los casos de violencia contra mujeres jóvenes perpetrados por hombres también jóvenes han generado una lógica preocupación.

Todos y cada uno de los estudios que diferentes entidades realizan de forma sistemática sobre la actitud de la juventud hacia la violencia contra las mujeres reflejan que su nivel de concienciación y compromiso es cada vez más alto, y que rozan cifras de rechazo absoluto en algunos casos. Y sin embargo, la violencia sexual en los entornos de ocio sigue siendo resistente. Cada uno de los casos que hemos conocido este año es una llamada para intensificar el trabajo, con la juventud, por supuesto, pero también con el conjunto de la sociedad, que sigue enviando mensajes de tolerancia, discriminación y consentimiento. No podemos relajarnos.

Los datos reflejan una situación intolerable, y aún así, podemos decir que “más es menos”; aunque pueda parecer contradictorio. No es una intuición: es una constatación.

De un lado, porque “más denuncias” no equivale necesariamente a más violencia, sino que expresan una menor tolerancia individual y colectiva ante la violencia. Son las sociedades más igualitarias las menos tolerantes, las menos comprensivas.

De otro lado, porque más mujeres y hombres en la calle para denunciar todas las agresiones equivale a menos espacios de impunidad. Cada vez que salimos a la calle para denunciar, con rabia y con cierta impotencia, debemos recordar y recordarnos que estamos contribuyendo a achicar los espacios para actitudes violentas. Más rechazo es menos machismo. Más conciencia es menos oxígeno para los agresores y para quienes, por acción o por omisión, consienten.

Por eso decimos, a pesar de la gravedad de la violencia, que más visibilidad, más denuncias y más respuesta social e institucional conforman el camino que debemos seguir. Al final de este camino, el objetivo que nos hemos marcado: una Gipuzkoa libre de violencia contra las mujeres, y una Gipuzkoa con los menores índices de desigualdades.

En este camino, no caben los atajos. Solo el compromiso y el trabajo conjunto de toda la sociedad lo harán posible. Las instituciones hemos avanzado mucho en la coordinación, internamente y con los movimientos sociales y feministas. Hemos avanzado mucho, sí, pero tenemos que continuar, entender los aprendizajes y mejorar.

Avanzar más es la garantía para que las desigualdades sean menos.