Educando en sexualidad a niños, niñas, adolescentes y jóvenes

Cuando hablamos de educación en materia de sexualidad, debemos entender bien algunas nociones básicas. A través de estas palabras clave, hemos querido expresar los objetivos de esta labor educativa en relación a cada uno de los conceptos mencionados.

Se han clasificado por tramos de edad para indicar con mayor claridad las especificidades de cada etapa. Están explicadas de forma muy general; corresponde a cada cual profundizar en el núcleo de las mismas y estructurar sus relaciones. No pretendemos definir estos conceptos de forma teórica, sino proponer unas bases para educar en sexualidad dentro del ámbito de la promoción de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. 

 

Dentro de cada franja de edad hemos diferenciado 3 áreas para tratar la sexualidad con niños, niñas, adolescentes y jóvenes:

1- Me estoy conociendo:

La sexualidad es intrínseca a uno/a mismo/a y empieza por uno/a mismo/a. Conocer las funciones del propio cuerpo y sentir curiosidad por ellas es un elemento imprescindible del autocuidado.

Del mismo modo, es imprescindible que se entienda y asuma que todos los cuerpos son diferentes, singulares y únicos, puesto que las opiniones que generamos respecto al cuerpo influyen directamente en nuestra salud, nuestra imagen personal y nuestra actitud.

También es positivo que cada persona disfrute con su cuerpo. Además de tener sentimientos, fantasías y deseos, todos y todas nacemos con la capacidad de disfrutar de nuestra sexualidad a lo largo de toda la vida.

Por tanto, es necesario que niños, niñas, adolescentes y  jóvenes hablen, compartan y pregunten a personas cercanas o de confianza. Las habilidades y capacidades comunicativas les permitirán, además de comprender y expresar sus sentimientos y sus deseos, expresar adecuadamente sus necesidades y limitaciones personales y sexuales.

 

2- ¿Cómo son mis relaciones?

Estamos rodeados por la familia, las amistades y otras redes, y las relaciones que vamos creando en torno a ellas tienen una especial importancia en todos los ámbitos de nuestra vida, incluida nuestra sexualidad. Cada una de las relaciones que hemos creado es única, y debe basarse en la confianza, el respeto, la empatía, el cuidado mutuo y la igualdad. La afectividad tiene, por tanto, una importancia significativa en las relaciones que creamos.

Nuestras relaciones nos alimentan y aprendemos de ellas. Es necesario que desarrollemos habilidades comunicativas para expresar lo que queremos y sentimos en cada momento de la manera más adecuada posible: acuerdo, desacuerdo, consentimiento, deseo o necesidad, por ejemplo.

Una persona no es nadie sin los demás; no es nada sin sus relaciones. Es natural y positivo que disfrutemos con nuestro cuerpo y queramos compartirlo con otras personas, pero el acuerdo y el consentimiento de todas las partes son imprescindibles para poder mantener actitudes y actos sexuales placenteros y saludables.

Si las relaciones que construimos carecen de esa base, surgen desequilibrios de poder que nos llevan a materializar y vivir situaciones de violencia, vulnerando así derechos humanos fundamentales. Por lo tanto, debemos tener claro que todas las personas tenemos derecho a decidir quién, dónde y cómo puede tocar nuestro cuerpo. Cada cual es dueño/a único/a de su cuerpo. Y si esos derechos son vulnerados, debemos recibir ayuda y protección.

 

3- El entorno me afecta:

No podemos olvidar que vivimos en sociedad, en una comunidad; y, al igual que en el resto de los aspectos de nuestra vida, eso influye también en nuestra forma de entender, sentir y vivir nuestra propia sexualidad.

La visión y las vivencias que tengamos en torno a la sexualidad estarán condicionadas, inevitablemente, por los valores de nuestro entorno, las normas de género, la construcción social del género, la cultura o incluso el uso de la tecnología que hoy en día tiene tanta fuerza. Y por supuesto, eso debería tener su reflejo en toda educación sexual.

No podemos olvidar que hoy en día existen numerosas fuentes de información sobre sexualidad en manos de niños, niñas, adolescentes y jóvenes. En estos tiempos de infoxicación, revistas, cuentos, series de televisión, youtubers, instagramers, pornografía, películas románticas, novelas y un largo etcétera, no paran de ofrecer información sobre sexo. A menudo esta información no es adecuada: se basa en mitos, estereotipos y mentalidades sexistas. Por otro lado, también debemos tener en cuenta que, aunque la información sea la apropiada, muchas veces no se adapta a la etapa de desarrollo de cada niño, niña o adolescente, por lo que, sin la ayuda de personas adultas, no son capaces de ubicarla en el lugar o contexto que le corresponde.

Por lo tanto, es importante que eduquemos también para el ámbito social de la sexualidad para poder desarrollar un pensamiento crítico; fomentar el buen trato y la empatía hacia los demás; vivir en igualdad y sin violencia; reconocer la diversidad sexual como valor positivo; combatir los roles sexistas y los estereotipos de género, los prejuicios y los rumores; mantener un comportamiento ético en las relaciones; no creer ciegamente en mitos sobre la sexualidad y el amor; atenuar la influencia de los medios de comunicación, Internet, las redes sociales y la pornografía en las prácticas y modelos de relaciones eróticas de chicos y chicas, dar la importancia necesaria a la privacidad y la intimidad; y construir y gestionar una identidad digital de forma positiva.