Proceso artesanal

A mediados del siglo XVIII se introdujeron mejoras importantes a fin de dificultar el forzado de las cerraduras. Entre las mismas cabe destacar el mecanismo consistente en un diente que al introducirse en una muesca que tiene el pestillo consigue inmovilizarlo y que es conocido universal-mente como "francesa" y en Mondragón como "de cifras". Otro modelo más desarrollado por el inglés Chubb se fabricó a partir de 1818, consistiendo básicamente en unas chapas giratorias o "borjas" conocidas en Mondragón como "campaneras", que debían de ser alineadas por los dientes de la llave para poder desplazar el cerrojo.

Hacia el último tercio del siglo pasado, el americano Linus Yale inventó la cerradura de cilindro giratorio, la más extendida actualmente, en la que los dientes de la llave al introducirla se alinean diversos arietes o clavijas introducidos en el cilindro, de forma que desbloquea su giro y permite la apertura de la cerradura o candado. Su construcción la inició la Unión Cerrajera en 1924 que lo monopolizó a nivel español hasta 1936, al guardar celosamente los secretos de su fabricación.

Hasta finales del siglo XIX el proceso de elaboración de cerraduras y productos similares debió ser totalmente artesanal, trabajando el hierro fundamentalmente a lima, herramienta que aparece como básica en el oficio de cerrajero, junto a martillos, cinceles, buriles y terrajas entre otros.

El lugar de trabajo del cerrajero estaba constituido fundamentalmente por un banco de trabajo situado, preferentemente, frente a un amplio ventanal para facilitar la iluminación natural, sobre el que se apoyaba el tornillo de banco giratorio, el yunque y las herramientas descritas, así como, con frecuencia, una pequeña fragua aunque la mayoría de los trabajos se realizaban en frío.

 

SarrailagileakPrimer plano de un grupo de cerrajeros de principios de siglo.