Barrenderos

La limpieza pública no tuvo mayor relevancia en nuestro país hasta fechas relativamente recientes, aunque en algunas ordenanzas municipales de mediados del siglo XV ya aparecen disposiciones que prohiben, por ejemplo, la circulación de puercos por las calles. Con el transcurso del tiempo se le fue prestando mayor atención, dictándose normas que los "Síndicos regidores" (ediles nombrados por el alcalde), se encargaban de hacer cumplir.

En el siglo XVIII ya empezó a exigirse a los vecinos que limpiaran la delantera y costados de su casa, sobre todo en los días que se celebrasen procesiones "y se diesen nevadas y fuertes lluvias para evitar el peligro que suponía el que las calles estuviesen resbaladizas". Las careabas (espacio de aproximadamente metro y medio existente entre los edificios por el que circulaba un pequeño canal de agua desviada del río más próximo), y donde a la voz de "agua va" se vaciaban los orinales utilizados durante la noche y se echaban toda clase de desperdicios, fueron objeto de una regulación específica.

En el siglo XIX creció la preocupación por la aglomeración de personas en viviendas insalubres y la eliminación de desperdicios, aguas fecales y basuras, así como la suciedad de las calles, dados los efectos nocivos que tenían sobre la salud de los ciudadanos, siendo notables los progresos en la higiene urbana.

En las grandes ciudades a principios del siglo XX e incluso al final del anterior, ya comenzaron a utilizarse carros tirados por caballos para barrer y regar las calles.

Barrendero

Barrendero

Tradicional estampa del barrendero municipal, los primeros años cuarenta. Hay que destacar la vestimenta y las escobas utilizadas.