Paragüeros

Los paraguas, quitasoles y sombrillas tienen un origen remoto, como lo atestigua la iconografía de monumentos del pasado, siendo numerosos los documentos que acreditan que entre los antiguos chinos, egipcios, y asirios eran usados por los príncipes y soberanos.

Definidos como utensilios portátiles compuestos por un bastón y un varillaje cubiertos de tela que puede extenderse o plegarse, sirven para protegerse de la lluvia o del sol, siendo los paragüeros los artesanos que se ocupan de su construcción. Con el mismo nombre también se conocen a los que los reparan.

El paraguas de las regiones septentrionales se deriva del parasol de los países tropicales y parecen haber sido importados por los navegantes portugueses. Su configuración ha experimentado sustanciales cambios señalándose como hitos relevantes más recientes el empleo de tejidos impermeables (1730) el paraguas plegable en torno a la varilla central “knirps” (el berlinés Haus Haupt en 1828) o el de varillas plegables “Brolley” (Samuel Fox 1874). En las últimas décadas los gustos dominantes (en colores, tamaño, peso, etc.) tienen gran influencia en su diseño.

Las tecnologías de fabricación también han cambiado sustancialmente, como consecuencia de la aplicación de las constantes innovaciones y de los nuevos materiales, así como su utilización que de ser privativa de las clases dominantes, ha pasado al empleo generalizado.

Según Antxon Aguirre Sorondo el paraguas es de relativa reciente utilización en nuestro país, habiendo sido, en el medio rural,  negros y de mayor tamaño que los actuales. Si bien las mujeres fueron las que comenzaron a utilizar los de tela de colores. En las capitales entre las clases más acomodadas era frecuente el uso de empuñaduras de plata u otros materiales nobles.