Espaderos

Las espadas actuales, que el diccionario define como armas blancas, largas, rectas, agudas y cortantes, con guarnición y empuñadura, son el resultado de la constante evolución de los primitivos utensilios fabricados, primero con huesos y piedras y más tarde con diversos metales, utilizados para atacar o defenderse. Tradicionalmente se las ha considerado como las más nobles entre las de su género, siendo en muchos lugares y épocas un símbolo de distinción, por lo que sólo las podían ceñir las clases dominantes. Por esta circunstancia en ocasiones, han llegado a ser verdaderas obras de arte.

La fabricación de espadas, junto con otras armas blancas tuvo en el pasado una notable importancia en nuestro país, como lo confirman numerosos documentos. Según Ramiro Larrañaga su producción fue decayendo conforme adquirían importancia, a partir del siglo XVI, las armas de fuego. Sin embargo esta industria perduró hasta el siglo pasado, en el que se seguían realizando excelentes trabajos.

Los artesanos especializados en esta actividad, fueron los espaderos “maestros en el arte de forjar espadas”, que en sus fraguas daban forma y templaban las armas, labor que se complementaba por los amoladores que con ruedas de piedra abrasiva las desbastaban y afilaban, y los acicaladores, que de forma parecida, las pulían y brillaban, destacando los de Bilbao, Tolosa, Mondragón y Bergara.

La excelente materia prima de que disponían unido a un método de fabricación avanzado y específico, desarrollado por los ferrones de Mondragón, y posteriormente perdido, lograron que las espadas vascas fueran consideradas de excelente calidad.