Los hábitos

Lo habitual es que los clientes acudan al taller del joyero con algunas ideas no suficientemente concretas de la pieza que desean, por lo que el joyero debe asesorarles en su elección presentándoles distintas posibilidades en forma de simples explicaciones, bocetos o mostrando piezas previamente elaboradas que sirven de referencia.

Efectuada la elección por el cliente, el joyero presenta un presupuesto, para lo que al coste de los materiales a utilizar añade lo estimado de mano de obra. En caso de ser aprobado, inicia la elaboración de la joya deseada.

En determinados casos y joyas es el cliente quien elige inicialmente una piedra preciosa a la que luego el joyero debe buscar sus posibilidades para resaltarla, enmarcándola  y engarzarla con elementos de oro, plata o platino para obtener la sortija, los pendientes u otras joyas.

En la mayoría de los casos los clientes, sobre todo mujeres, es habitual que acuden a “su joyero” exponiendo sus deseos o pidiendo un consejo, depositando su confianza y siguiendo sus recomendaciones. Por este motivo, además de dominar su oficio, debe ser un experto en las relaciones con los demandantes de sus servicios.

Eraztunak

Según un veterano profesional es necesario, y a veces difícil, interpretar los deseos del cliente, con frecuencia expuestos de forma poco clara, sorprenderles con las propuestas y aportar soluciones que se adapten a cada uno de ellos.

Es por lo tanto muy directa la relación con cada uno de sus clientes, y de su desarrollo depende la consecución de nuevos demandantes. El joyero es conocido y valorado por las informaciones boca a boca, dado que con frecuencia su taller no se ubica en un local comercial.

A pesar de todo lo anteriormente expuesto, sienten que no se aprecia el justo valor de una pieza de diseño único y elaborada artesanalmente, sino que los clientes adquieren las piezas en función de su precio de venta y del lucimiento aparente que les aporta.

El mismo especialista considera que la joya es  un elemento de distinción social, y el comprador invierte su dinero buscando trasmitir una imagen que denote su poder adquisitivo y refleje su estatus social, siendo los menos numerosos, aunque van en aumento, los que conocen y saben apreciar el alto valor de una pieza creada artesanalmente y buscan la diferenciación.