Proceso y Futuro

Hay que recordar que la lutheria, o arte de construir instrumentos de cuerda, se inició a principios del siglo XVI, pero es desde el XVII cuando se extendió por casi todo el mundo y los artesanos especializados en esta actividad constituyeron sus agrupaciones. Además expertos como Gasparo da Salo, los Amati, los Guarneri y sobre todo Antonio Stradivari, el líder indiscutible de la célebre escuela de Cremona, lograron grados de perfeccionamiento insuperables. Aunque en España se contó con luthieres nunca fueron comparables a los europeos, pudiendose decir lo mismo del País Vasco.

Arturo Andrade siempre ha tenido una marcada inclinación hacia la música y de manera específica al violín, siendo una de sus ilusiones juveniles tocar este instrumento. También deben señalarse sus antecedentes familiares, pues su padre Julio fue saxofonista de la conocida orquestra Ritmo.

En 2005 tras acudir a cursos de información, decide construir el primer violín que termina al año siguiente y desde entonces la lutheria ha ido ganando entidad en la actividad del artesano, de forma que actualmente las mañanas las dedica a la escultura y las tardes a la elaboración de instrumentos de cuerda frotada, es decir, violines, violas y violoncelos.

 

El proceso de elaboración de un violoncelo

El violoncelo, cuyo origen italiano se sitúa hacia 1530, y que ha tenido una constante evolución hasta nuestros días, se toca frotando un arco sobre las cuerdas, apoyando el instrumento en el suelo, para lo que, desde el siglo XIX, se le coloca una pieza de hierro llamada pica (anteriormente de madera) y se sujeta entre las rodillas del músico, para lo que tiene dos concavidades. Hasta principios del siglo XX pocas mujeres tocaban este instrumento, debido a que su posición se consideraba poco adecuada para las señoras.

Las partes que componen un violoncelo son prácticamente las mismas que las del resto de instrumentos de cuerda frotada. Su caja de resonancia o cuerpo, está formado por una tapa superior, otra inferior conocida como fondo y una “faja” de madera que une ambas, creando un espacio hueco en cuyo interior se coloca la barra armónica, que sirve para controlar y distribuir las vibraciones y el alma que une las dos tapas por la parte media y permite que el violoncelo entre en resonancia con las cuerdas. En la tapa superior se sitúan dos orificios en forma de efes por donde sale el sonido.

La madera empleada en la construcción de instrumentos de cuerda desempeña un papel fundamental en su calidad, por lo que los luthiers son excelentes conocedores de la misma. Aunque la fabricación de violines, violas y violoncelos se ha industrializado, sobre todo en los países del sudeste asiático, su perfección queda muy lejos de los elaborados artesanalmente.

En la construcción de un violoncelo, el bajo de la familia del violín, cuyo senido se admite como el más parecido a la voz humana, son fundamentales la elaboración de sus partes, sin que dejen de tener importancia el encolado y montaje final, así como el barnizado y las operaciones finales.

Nuestro artista/artesano utiliza madera de Rumania, de la región de Reghin de gran tradición en la lutheria y con numerosos artesanos en activo. Por cada violoncelo a construir recibe seis tacos de arce y abeto con seis o siete meses de secado en instalaciones preparadas con esta finalidad que siempre están bien aireadas, lo que complementa Arturo con otros cinco años a temperaturas y humedad constantes para acabar llevándolos al taller para su aclimatación a la temperatura ambiental.

Tras elegir el modelo de violoncelo a elaborar se inicia la construcción de la tapa inferior o “fondo” encolando dos de las piezas de arce del tamaño adecuado, de las seis originarias de Rumania, que deben dejarse, presionadas por sargentas, un tiempo prudencial como mínimo una semana. Se sigue tallando el contorno para pasar a darle la curvatura exterior siguiendo los patrones de italianos, alemanes o franceses. Se continúa tallando el interior rematando con distintos espesores en diversos puntos que se miden con un reloj comparador.

La elaboración de la “tapa superior” con madera de abeto, se inicia de la misma forma que el “fondo”, es decir, encolando dos piezas de origen rumano continuando con un proceso similar, con la diferencia que hay que hacer dos orificios, mediante la utilización de una sierra caladora, conocidos como efes por su forma y por donde sale al exterior el sonido. El fondo con la “tapa superior” forma la faja creando una caja hueca, para proceder a la colocación interior, mediante encolado, de una estructura que sirve para controlar y distribuir las vibraciones. Tras construir los “tacos esquineros” mediante el corte y tallado de la madera de abeto de procedencia rumana, el artesano los encola al molde del violoncelo a construir.

Diversos pasos del proceso productivoDiversos pasos del proceso productivo. (Fotografía: Julen Zabaleta).

Para la elaboración de los “aros” o faja, las piezas envolventes del instrumento, se parte de un taco de arce rumano, obteniéndose por corte, utilizando una sierra manual, seis piezas, para procederse a humedecerlas y empleando un hierro caliente darle la curvatura deseada usando el molde.

Una vez que se dispone de los aros y los tacos esquineros se pasa a montarlos en el molde y se procede a encolarlos al fondo y a la tapa dándole la forma cóncava y convexa, característica del violoncelo, con los espesores deseados en las distintas partes lo que se mide con un reloj comparador.

Se continua uniendo el fondo a los aros mediante colas de pescado, momento en que se retiran el molde, para seguir terminando la tapa empleando gubias para pasar a medirlas con el reloj comparador. A continuación, se sigue uniendo la tapa a los aros, mediante las citadas colas de pescado, a la caja del violoncelo.

un taco rumano que se rebaja y talla empleando cuatro gubias y dos formones planos construyendo el caracol o rizo, que identifica al artesano constructor del violoncelo, para pasar a colocar el mango sobre la caja. Las operaciones finales son el lijado y el barnizado que pueden hacerse con pincel o a muñequilla, siendo esta última la que emplea Arturo Andrade.

Se termina colocando el ébano y ajustando las clavijas y el cordel que son también elaborados por nuestro artista/artesano, para finalmente controlar el alma, varilla trasversal de madera que une el fondo y la tapa superior del violoncelo, por su parte media y sirve para que el instrumento introduzca la resonancia en el interior de la caja.

El tono del instrumento viene dado básicamente por la madera utilizada y el logro de los espesores adecuados por el artesano.

 

El futuro

Un violoncelo medio tiene sesenta y nueve piezas, las mismas que un violín pero de mayor tamaño, requiere para su elaboración artesanal entre 320 y 350 horas de trabajo, variando su precio en proporciones de a uno a diez según sean de fabricación industrializada o artesanal.

A pesar de la gran importancia social de la música en Euskadi, la competencia, sobre todo, de los países del sudeste asiático, únicamente por precio es muy importante, aunque también hay que señalar la de los alemanes e ingleses, sobre todo de los que se han instalado en aquella parte del mundo.

La reparación y restauración de instrumentos de cuerda es también importante dada la sensibilidad de estos instrumento a numerosos y variados factores.