Herreros

El descubrimiento de la herramienta revolucionó radicalmente la existencia de los hombres que empezaron a contar para su supervivencia y desarrollo con eficaces medios complementarios de sus propios miembros. Su evolución ha sido constante en el tiempo habiendo pasado desde las primeras de madera, piedra o hueso a las de cobre, bronce y hierro, hasta llegar a los complejos útiles actuales.

En nuestro país en la edad media ya estaba muy extendida la obtención y el tratamiento del hierro lo que fue posible por la abundancia de yacimientos y bosques que proporcionaban el combustible necesario. En este contexto se desarrollaron los herreros "errementaixak" poco especializados, que fabricaban gran diversidad de herramientas en pequeñas cantidades destinadas al consumo local.

Con el fin de la edad media y desarrollo de las comunicaciones los herremos que trabajaban en sus fraguas comienzan a especializarse en la fabricación de una gama reducida de artículos en grandes cantidades "muchos iguales uno detrás de otro", con cierta concentración en determinados centros, que transportaban a los lugares de consumo para su comercialización.

El desarrollo en el siglo XIV de la industria del hierro en los valles del Urola y Deba dio lugar a una importante actividad dedicada a su transformación en un gran número de artículos, como herramientas, clavos, herraduras, rejas y armas blancas entre otras. Oñate llegó a ser un centro importante de forja con numerosas fraguas o talleres artesanos, ubicados en el mismo núcleo urbano en bajos y tejavanas, así como en los arrabales y en los barrios de Olabarrieta y Zubillaga. La tradición se mantuvo, pues dos siglos más tarde se llegan a censar hasta 70 fraguas que eran manejadas cada una por un maestro y varios oficiales y algún aprendiz, alcanzando un número máximo de 6 personas por fragua.

Los herreros y forjadores se fueron especializando en al obtención de algunos productos como herramientas (porras, mazos, hachas, azadones, arados, azuelas, escoplos, martillos, rejas de arar, etc.) herraduras, clavos (claveteros), sartenes (sarteneros), tenazas (tenaceros), así como los cuchilleros o tijeteros.

El maestro y el aprendizEstampa tradicional de forjado en el que aparecen el maestro y el aprendiz, así como el hogar y el yunque.

HerreroHerrero. Talla románica de la portada de Sta María la Real de Sangüesa (Navarra), (foto. Arch. J.E. Uranga).

La instalación básica consistía en un hogar construido con piedra arenisca de un metro a metro y medio de ancho por otro tanto de fondo y unos setenta centímetros de alto en el que se encendía un fuego alimentado con carbón vegetal. La combustión se activaba con aire inyectado por un fuelle de entre uno y dos metros de largo construido con tablas y cuero que se accionaba.normalmente desde la proximidad de la fragua, con una larga pértiga colgada.del techo que hacía de palanca. Un yunque o bigornia situado en el centro de la habitación, sobre un grueso tronco de árbol y un recipiente de piedra conteniendo agua para enfriar las herramientas completaba la instalación. A todo ello había que añadir un banco de trabajo y una gran cantidad de tenazas, mazos y martillos necesarios para la manipulación de los productos fabricados.

Las barras y llantas de hierro utilizados como materia prima se calentaban en la fragua hasta alcanzar la temperatura de forja para posteriormente darle la forma necesaria por medio de golpes con martillos accionados por los oficiales. El maestro con un útil pequeño iba golpeando sobre la pieza en el lugar adecuado, indicando a los oficiales donde debían golpear con sus manos.

El oficio era duro siendo frecuente que los aprendices empezaran entre los 14 y 16 años residiendo en casa del maestro quien habitualmente los alimentaba y vestía comprometiéndose ambos por escrito por períodos de cuatro años. Los incumplimientos de lo pactado daban lugar compensaciones importantes.

Los maestros se comprometían con comerciantes para la fabricación de determinadas cantidades de producto para lo que frecuentemente éstos adelantaban la materia prima y parte del precio convenido siendo en algunas ocasiones los propietarios de la fragua.

Simultáneamente con este sistema de producción especializado y compitiendo con él, existían numerosos herremos rurales que cubrían la demanda local mediante producciones unitarias sobre encargo.

Entre los siglos XVI y XIX los sistemas de producción cambiaron poco y se mantuvo la fragua como centro de producción de numerosos productos metálicos y herramientas a pesar del desarrollo de éstas en formas y funciones para adaptarse a las necesidades de cada oficio.

Hacia mediados del siglo XIX se desarrolla en Europa el martillo de vapor para la forja de metales, que se instala en nuestro país por primera vez posiblemente en la industria pesada vizcaína, principalmente la naval. Así, los Astilleros Euskalduna, disponían de un martillo de vapor y uno neumático en 1912.

Sin embargo, estas innovaciones técnicas que afectaban a la forja de piezas grandes, no se aplican al pequeño piecerío, por lo que en la misma fecha la citada compañía Euskalduna tenía instaladas 14 fraguas para la fabricación de herramientas y otras piezas necesarias para sus astilleros, fraguas en las que se seguía trabajando con el método tradicional del martillo a brazo golpeando sobre un yunque.

De la misma forma la fabricación de herramientas y piezas similares, en las zonas de gran tradición artesana, como el valle del Deba, se siguió desarrollando en las conocidas fraguas hasta la primera década del presente siglo. En estos años la extensión de los martillos de forja accionados a vapor y neumáticamente, así como la utilización de martillos de ballesta y forja de caída libre, unida la utilización de la energía de vapor y posteriormente de la eléctrica, dio lugar a un cambio importante en esta actividad.

La introducción de las citadas máquinas, hace que surja la fábrica de forja en su concepto actual, como centro de producción de herramientas y otras piezas y útiles pequeños, en sustitución de las fraguas artesanas de gran implantación en todo el área durante más de cuatro siglos.

A este importante salto tecnológico contribuyeron los maestros forjadores artesanos que introducen la máquina en su fragua en sustitución de los martillos movidos a brazo por los especialistas, dando lugar a una importante industria transformadora.

Sin embargo los productos obtenidos fueron los mismos. Con objeto de ampliar su mercado los forjadores fabricantes de herramientas, fueron incorporando a su producción toda una extensa gama de variantes de una misma herramienta utilizada en distintas zonas geográficas o destinadas a distintos usos.

De esta forma se pasó de una actividad artesana, ampliamente extendida en los valles del Deba, el Urola y zonas limítrofes, a la industria actual.