Tejeros

Las tejas cerámicas obtenidas a partir de una masa de arcilla convenientemente moldeada y cocida para darles la consistencia necesaria para cubrir construcciones, ya fueron empleadas por los romanos, quienes las introdujeron en la Península. Después de un largo período en que dejaron de usarse, fueron los árabes quienes volvieron a generalizar la utilización de este mosaico de forma curvada o abarquillada, y que hoy sigue siendo la más común entre nosotros. Así mismo aportaron el ladrillo macizo difundiéndose ambos elementos constructivos desde el Valle del Ebro, hacia la vertiente cantábrica.

A partir del siglo XIV la teja se utiliza en las bordas de madera de una sola planta rectangular de los campesinos, así como las construcciones urbanas de las villas de nueva fundación (1), sin embargo no siempre debía emplearse este material para cubrir las edificaciones, pues nombres de casas como "Tellechea" (casa con Tejas), aluden a algo que en un momento se consideró como singular (2).

A pesar del gran simbolismo de este mosaico el oficio de tejero, que hasta todavía hace unas décadas tuvo un gran contenido manual, estuvo considerado entre los "viles e indignos" por lo que eran escasos los artesanos de nuestro país que lo conocían, lo que obligaba a contratarlos en otros lugares. Las recomendaciones de entidades como la Sociedad Económica de Amigos del País y posiblemente la fuerte demanda de tejas y ladrilos consiguieron mejorar la situación.

 

(1) Alberto Santana. Baserria. Colección Bertan número 4. Diputación Foral de Guipuzcoa.
(2) Julio Caro Baroja. Los Vascos. Edición Itsmo Colección Fundamentos.