Las condiciones de trabajo

Lourdes Odriozola Oiarbidek (1) nos ofrece una referencia muy valiosa sobre las condiciones laborales de principios del siglo XVIII al reproducir parte de una carta de Antonio de Gaztañeta fechada en septiembre de 1711, en la que indicaba que "(...) en esta tierra (sólo en los Astilleros donde se fabricaban vageles) trabajan de luz a luz en todo el año, sin distinzión de tiempo y sólo se les da una ora para medio día para a comer, pues a las doze se llama y hasta la una no buelven; y esta Canal de los Passajes, así carpinteros como galafales y marineros en el verano, no se mueben de tierra para hir a bordo hasta que den las seis y a las ocho dadas todos salen en tierra a almorzar, asta las nuebe dadas no se mueven, a las doce dadas buelven a comer y hasta la una no se mueben para ir abordo y a las seis de la tarde dejan el trabajo, de suerte que un día de verano (...) todos los días que desde que amaneze hasta las seis están trabajando para otro como desde las seis de la tarde hasta anochezer, y sólo a las horas expresadas como comunidad (...)".

Los calafateadores entrevistados consideran su trabajo como "bueno" en comparación con los habituales en los astilleros que construían embarcaciones de madera. Sin embargo recuerdan el riesgo que suponía calafatear a cierta altura sobre una tabla apoyada en dos caballetes de "angular de hierro", así como las difíciles posturas en que, en ocasiones, llevaban a cabo su trabajo sobre todo cuando no había carros para sacar del muelle las embarcaciones y tenían que calafatearlas, con urgencia, entre mareas.

Los que trabajaron en los astilleros creen que siempre estuvieron peor pagados que los que con una cualificación similar, lo hacían en la industria. Recuerdan que la retribución de un aprendiz en 1935 / 1936 era de unas cinco pesetas semanales, lo que pasó a 5,2 pts / día en 1947, "con seguridad social". A su vez un especialista que en los años cuarenta percibía del orden de una peseta diaria, en 1952 llegaba a los 700 semanales. En los años cincuenta, el responsable de un astillero podía ganar hasta unas cien pesetas diarias.

Hasta 1960, en caso de necesidad, se trabajaba todos lo días, incluidos sábados y domingos previa autorización del párroco de cada localidad para hacerlo los festivos.

En los astilleros Egaña de Zumaia construían embarcaciones de eslora total entre siete y treinta metros. A título de ejemplo cabe señalar que en 1942 un barco de madera de 18 metros de eslora y 4,3 de manga y 30 Ts se vendió en 54.000 pesetas. A su vez en 1951, un barco de 4,49 metros de manga y 31,25 Ts se cobró 114.000 pesetas. Y en 1963, la última embarcación que se construyó, de eslora de 18 metros, manga de 5,3 y 55 toneladas se vendió en 400.000 pesetas.

José María Aguirrezabala nos recuerda un dicho de difícil interpretación muy popular de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado "kalafate koperol arreando por el gol".

 

Nuestro agradecimiento a Javier Carballo Berazadi por sus consejos y aportaciones.

 

(1) La construcción naval en Guipúzcoa, siglo XVIII, Lourdes Odriozola  Oyarbide. Diputación Foral de Guipúzcoa, 1997