Otros fabricantes

Al mismo tiempo que los pequeños talleres descritos anteriormente, han existido empresas de mayor dimensión con mayores recursos y diferente nivel de organización, que también han fabricado tijeras en nuestro país.

Una de estas empresas ha sido Palmera radicada en Irun desde 1931, fecha en la que Juan Wollmer, su fundador procedente de Alemania, comenzó a fabricar hojas de afeitar con la marca Palmera. Esta denominación tenía su origen en Solingen, ciudad que destacaba por el prestigio de su industria cuchillera desde hacia varias centurias y donde había sido registrada en 1864.

Hacia 1940 amplió la gama de sus productos con artículos de manicura, cuchillería y tijeras, y al año siguiente comenzó a fabricar también herramientas de mano, y cubertería, dedicándose preferentemente a partir de 1952, ya bajo la razón social Juan Wollmer S.A. a la fabricación de tijeras y herramientas. En esta empresa llegaron a trabajar del orden de 1.200 trabajadores hacia el año 1975, de los que 120 se dedicaban exclusivamente a la fabricación de tijeras, con una producción diaria del orden de 5.000 a 5.500 unidades, de todos los tipos habituales en el mercado.

A pesar del volumen de su producción, los procesos que se seguían eran en gran parte manuales, y por ello la calidad de las tijeras fabricadas dependía de la habilidad, experiencia y conocimientos prácticos de los trabajadores. “Pura artesanía” en opinión de una de las personas que los conocían bien. Sus sistemas de trabajo eran muy similares a los seguidos en los pequeños talleres que también existían en la misma época.

Palmera disponía de su propio departamento de forja por estampación y en él se efectuaban las primeras operaciones de forja de las piezas en bruto para tijeras a partir de la materia prima, acero en barras con un contenido medio de carbono. Este material se calentaba en la década de los 40 en hornos de carbón y seguidamente se le daba una primera forma aproximada en martinetes por medio de golpes dados sobre un yunque plano, se le llamaba forja libre, e inmediatamente se estampaba la forma definitiva en martillos de forja. Esta técnica de forja combinada era muy común en la industria vasca de la época para la fabricación de todo tipo de piezas.

Todas las labores posteriores hasta la terminación total de la tijera se hacían manualmente eliminando material sobrante hasta obtener la forma. Los acabados superficiales deseados se conseguían utilizando amoladeras y pulidoras en las que los trabajadores efectuaban su trabajo sujetando y manejando la pieza con sus manos al mismo tiempo que la presionaban contra la piedra circular o polea abrasiva que giraba a gran velocidad.

En las décadas de los 40 y 50 del siglo XX las poleas consistían en el ya descrito disco de madera de 40 a 50 centímetros de madera al que se adhería en su perímetro arena abrasiva por medio de una cola. Esta labor se debía efectuar todos los días al final de cada jornada reponiendo la arena desprendida durante el día al efectuar el trabajo.

Frecuentemente y cuando tenían que obtener superficies curvas en las piezas de las tijeras, se utilizaban poleas de fieltro duro a las que con una cuchilla se les daba la forma curva deseada y después se recubría con la arena abrasiva de la forma descrita.

Para obtener la curvatura o alabeo de la hoja de la tijera un trabajador la golpeaba con un martillo de mano apoyándola sobre un bloque de acero con su superficie ligeramente curvada y seguidamente comprobaba visualmente el resultado.

De toda la tijera solo se templaba el filo y para ello se introducía esta parte de la pieza en un horno de sales tipo cuba colgadas de sus ojos en un bastidor y seguidamente se enfriaban rápidamente introduciéndolas en aceite. Se procuraba que todas las piezas adquirieran la misma dureza, pues en caso contrario al ser usada la tijera con frecuencia, el filo mas duro se “comía” al menos resistente.

Al contrario de lo que se hacía en los pequeños talleres, en Palmera las dos hojas de las tijeras no se aparejaban o montaban hasta el final del proceso de elaboración. Todas las labores de conformado de las piezas en bruto se efectuaban independientemente sobre las hojas separadas unas de otras y finalmente se montaban, ya con las piezas recubiertas de un baño de níquel.

El montaje de las dos hojas también se efectuaba manualmente y el trabajador que lo hacía comprobaba visualmente una a una todas las tijeras haciendo las correcciones que a su juicio eran necesarias. De esta forma conseguían un movimiento suave, un buen corte y cierre del filo y un buen acabado, para lo que era necesario practica, habilidad y atención constante a su labor.

Esta operación se efectuaba sobre una mesa, y en ella el ajustador eliminaba material en las partes que consideraba conveniente utilizando una pequeña amoladera situada a su lado, o daba unos golpes de martillo a la tijera en los puntos precisos según su experiencia, hasta conseguir un buen resultado. Solo de esta forma conseguía un buen funcionamiento y un acabado de calidad.

el afilado se efectuaba manualmenteAl igual que la mayor parte del proceso de elaboración de las tijeras, el afilado se efectuaba manualmente. (Foto J.M.I.)

Montadores de tijerasMontadores de tijeras en su mesa de trabajo. Palmera, hacia 1950. (Foto cedida por Herramientas Eurotools, S.A.)

Comprobando el buen corteComprobando el buen corte, en Palmera hacia 1950. (Foto cedida por Herramientas Eurotools, S.A.)

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Para conseguir un buen ajuste y un buen cierre del corte, el montador eliminaba de los mangos el material que consideraba necesario. Y para conseguir que las dos hojas tuvieran la misma longitud en sus extremos, afilaba repetidamente la hoja puntiaguda quitándole el material sobrante, que previa e intencionadamente se le había dejado en exceso para proceder a este ajuste manual.

Los montadores de tijeras estaban considerados como verdaderos artesanos especialistas. “Un golpe de martillo en un punto, un pequeño toque en la amoladera...”. Una vez montadas se brillaban a mano con una polea giratoria de trapo.

Finalmente se comprobaba el funcionamiento de todas y cada una de las tijeras fabricadas cortando un trozo de tela. Las rechazadas eran devueltas a la mesa de montaje para que los ajustadores las arreglaran manualmente hasta conseguir un buen funcionamiento.

Hacia 1960 – 1962 se introdujeron las amoladeras mecánicas en las que la hoja de la tijera se sujetaba sobre una mesa que se movía frente a una muela abrasiva giratoria, dando forma a las caras exterior e interior de la hoja. Estas maquinas eran fabricadas en Alemania por la casa Berger.

Inicialmente se utilizaban muelas abrasivas artificiales de magnesita, de desgaste muy irregular, que posteriormente fueron sustituidas por las de aglomerante sintético, más homogéneas. Hacia 1980 se introdujeron amoladeras con control de desgaste consiguiéndose con ellas un aumento de la calidad y de la productividad.

Las mejoras efectuadas en la forja de las hojas de las tijeras con su calentamiento, que sucesivamente fue pasando de utilizar carbón como combustible, al fuel oil, al gas y a la electricidad, han dado lugar a unas superficies mucho mejor acabadas y de una mayor precisión dimensional. Por este motivo se requieren menos trabajos manuales para efectuar los acabados posteriores. Como consecuencia de estas innovaciones se ha ido eliminando gran parte de los trabajos manuales y los que restan son de ejecución más sencilla.

 Al igual que en los talleres de la cuenca del Deva, los trabajadores se iniciaban en la labor sin ningún conocimiento previo y en la medida de sus habilidades, preferentemente manuales, y de su interés en aprender, iban ocupándose de las distintas labores.

En la década de los 50 del siglo pasado muchos eran procedentes de los caseríos de la zona, así como pescadores de Fuenterrabía que preferían un trabajo en tierra. A partir de los años 60 se incorporaron muchos inmigrantes de Galicia, Castilla y Extremadura que buscaban en la industria una mejora en sus condiciones de vida.

Actualmente las tijeras marca Palmera siguen gozando de un reconocido prestigio en el mercado español, aunque la tijera de acero tradicional y profesional es un producto maduro cuyo consumo desciende lentamente.

 

Principales informantes

  • José Antonio Aspiazu
  • Luis Maria Azpiri
  • Gregorio Balanzategui
  • Víctor Arizmendi
  • Alfredo Azkarraga
  • Jesús Lekube
  • Antonio López

 

Bibliografía y referencias

  • Anuario Electro-Sidero-Metalúrgico de la Industria Española. 1944.
  • La Industria Guipuzcoana del Valle del Deba.
  • Guipúzcoa en la Mano. Anuario General de toda la Provincia. 1954.
  • Catalogo de imagen Palmera. 1975.
  • La Labranza y Transformación Artesanal del Hierro en Taramundi y Los Oscos. Siglos XVI-XXI. Pablo Quintana Lopez. Ed. Asociación “Os Castros” de Taramundi. 2005.